Durante siglos, barcos procedentes de Arabia, India y la costa oriental de África llegaron a Zanzíbar siguiendo los vientos del océano Índico. De aquel intercambio surgió Stone Town, una ciudad de callejones estrechos, casas construidas con piedra coralina, mezquitas, antiguos palacios y magníficas puertas de madera tallada. Basta caminar unas cuantas calles para encontrar rastros de Omán, Persia, India, Europa y África oriental reunidos en una arquitectura y una cultura profundamente zanzibarí.

Stone Town ocupa la parte histórica de Zanzibar City y desde 2000 forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Su ubicación añade todavía otra dimensión: alrededor están las aguas turquesas, los arrecifes y las playas que han hecho famoso al archipiélago. Dedicarle un par de días antes de continuar hacia la costa permite descubrir que Zanzíbar también guarda una de las ciudades históricas más interesantes del océano Índico.

Una ciudad construida alrededor del comercio

La historia de Stone Town está íntimamente ligada al mar. Durante el siglo XIX, Zanzíbar se convirtió en un importante centro comercial bajo el sultanato de Omán y sus muelles recibían marfil, especias y mercancías procedentes de distintos puntos del Índico. También fue uno de los grandes centros del comercio de personas esclavizadas en África oriental, un capítulo fundamental y doloroso de su historia que hoy puede conocerse en sitios como el antiguo mercado de esclavos y la Catedral Anglicana de Christ Church.

Aquella circulación constante de personas dejó una huella extraordinaria. Las casas combinan patios interiores, balcones indios, detalles árabes y materiales africanos; algunas fachadas todavía muestran inscripciones y ornamentos vinculados con las familias que las construyeron. Stone Town se comprende precisamente caminando, prestando atención a esas capas acumuladas durante siglos.

Las famosas puertas de Zanzíbar

(C)Kevin Harber

Entre los grandes placeres de recorrer la ciudad está mirar sus puertas. Stone Town conserva cientos de ejemplares tallados en madera, algunos con más de un siglo de antigüedad. Los diseños revelaban información sobre quienes vivían detrás: motivos florales, cadenas, peces, palmeras y versos del Corán podían hablar de origen, religión, profesión o posición social.

Algunas muestran grandes remaches de latón, una influencia procedente de India que terminó incorporándose a la estética local. Buscar estas puertas mientras se camina convierte el recorrido en una especie de lectura de la ciudad: cada fachada aporta una pista sobre las culturas que fueron construyendo Zanzíbar.

Clavo, cardamomo y una cocina del Índico

La historia comercial también se prueba. Zanzíbar fue conocida durante mucho tiempo como la Isla de las Especias y todavía produce clavo, canela, nuez moscada, pimienta y cardamomo. Esa abundancia aparece en una cocina que mezcla ingredientes y técnicas africanas, árabes e indias con pescados y mariscos recién llegados del Índico.

Al caer la tarde, los jardines de Forodhani se llenan de puestos donde se preparan brochetas de pescado, pulpo, panes, samosas y la célebre Zanzibar pizza. Para una experiencia más pausada, las azoteas del centro histórico son excelentes lugares para cenar mientras se escucha el llamado a la oración y cambia la luz sobre los tejados.

El océano siempre está cerca

Stone Town tiene una relación constante con el agua. Desde el paseo marítimo se ven dhows, las embarcaciones tradicionales de vela que llevan siglos navegando por estas costas. Al final del día salen hacia el horizonte y ofrecen una de las imágenes más características de Zanzíbar.

Desde la ciudad también pueden organizarse excursiones hacia pequeñas islas cercanas o continuar hacia las playas del archipiélago. Nungwi y Kendwa, al norte, son conocidas por sus aguas claras y magníficos atardeceres; hacia el este, pueblos como Paje y Jambiani combinan largas extensiones de arena con una vida local vinculada al ritmo de las mareas.

Primero Stone Town, después la playa

Zanzíbar funciona especialmente bien cuando se le conceden varios ritmos. Dos noches en Stone Town permiten recorrer mercados, visitar edificios históricos, probar la cocina local y entender la compleja historia del archipiélago. Después llega el momento de dirigirse hacia la costa y pasar unos días entre el océano, los arrecifes y las playas.

Ese orden cambia la experiencia. Cuando finalmente aparece el Índico frente al hotel, ya sabemos de dónde vienen las especias de la cena, reconocemos las velas de los dhows y entendemos por qué esta pequeña isla fue durante siglos un punto decisivo en las rutas comerciales del mundo. Stone Town le da contexto al paraíso tropical y, de paso, una excelente razón para quedarse en Zanzíbar unos días más. ¿Vamos? ¡Planea tu viaje con Kiboko!

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